Inspirado en su antecesor, León XIV explicó la elección de su nombre y presentó su plan pastoral.
En uno de los momentos más esperados tras su elección, el papa León XIV ofreció su primer discurso ante el colegio cardenalicio, delineando con claridad el rumbo que tomará su pontificado. En un tono sereno pero firme, expresó su voluntad de continuar el proceso de apertura iniciado por el Concilio Vaticano II y profundizado por su predecesor, a quien rindió homenaje en múltiples gestos y palabras a lo largo del día.
La intervención tuvo lugar en el Aula Nueva del Sínodo, a puertas cerradas, ante los cardenales electores y también aquellos mayores de 80 años. León XIV, nacido en Estados Unidos y con profundas raíces en América Latina, se presentó como un pastor consciente del peso de su nueva misión, pero sostenido por la gracia de Dios y la cercanía de quienes lo eligieron. “Es un yugo que claramente supera no sólo mis fuerzas, sino las de cualquier otro”, reconoció con humildad.
Uno de los pasajes más significativos de su intervención fue la explicación del nombre que eligió para su papado: León XIV. “La principal razón es el ejemplo del papa León XIII, que con la Rerum novarum afrontó valientemente la cuestión social de su tiempo. Hoy, frente a una nueva revolución industrial y al avance de la inteligencia artificial, la Iglesia está llamada a ofrecer su doctrina social como brújula ética”, explicó. Su programa, subrayó, buscará responder a los desafíos contemporáneos con el mismo coraje profético.
El nuevo pontífice reafirmó su adhesión a los principios del Concilio Vaticano II, evocando conceptos clave como la colegialidad, la sinodalidad, el primado del anuncio de Cristo, y la escucha del sensus fidei del pueblo de Dios. Citó ampliamente textos conciliares, así como documentos recientes que retomaron ese espíritu, en particular la exhortación Evangelii gaudium, un texto programático para el siglo XXI. “Son principios evangélicos que inspiran desde siempre la vida de la Iglesia”, dijo.
Además de su mensaje a los cardenales, León XIV protagonizó dos gestos personales que conmovieron a los fieles: visitó de forma privada un santuario mariano que solía frecuentar antes de su elección, y más tarde rezó ante la tumba de su predecesor en la Basílica de San Juan de Letrán. En ambos casos fue recibido con calurosas muestras de afecto por parte de los presentes.
El papa también destacó la figura del cardenal Giovanni Battista Re, decano del Colegio Cardenalicio, agradeciendo su guía durante las congregaciones previas al cónclave. A su vez, valoró el trabajo del camarlengo y recordó con afecto a los purpurados que no pudieron asistir por razones de salud.
No pasó desapercibido que no mencionó al cardenal que, según muchas conjeturas, era considerado uno de los grandes favoritos para suceder al pontífice anterior. La omisión fue interpretada en algunos círculos como un gesto de prudencia ante las especulaciones externas.
Finalmente, León XIV exhortó a los presentes a asumir esta nueva etapa como “un acontecimiento pascual”, marcado por la fe y la esperanza. “Recojamos esta valiosa herencia y retomemos el camino”, afirmó, dando así una señal clara de continuidad y renovación. Un mensaje que parece anticipar un pontificado que buscará conjugar fidelidad a las raíces con respuestas audaces a los desafíos del presente.














