De la ingeniería a la calistenia: la historia del joven que convirtió su pasión en un emprendimiento
Joaquín Arnaudo llegó a San Francisco en 2015 desde Crispi, Santa Fe, con el objetivo de estudiar Ingeniería Electromecánica. Cuatro años después, la pandemia modificó sus planes y lo llevó por un camino completamente diferente: descubrió la calistenia, comenzó a entrenar por su cuenta y terminó convirtiendo esa actividad en su profesión.
“Siempre me gustó hacer actividad física, pero nunca me había inclinado por el profesorado”, cuenta Joaquín. Todo cambió cuando, durante la pandemia, encontró en internet videos de calistenia y quedó sorprendido por los movimientos y figuras que podían lograrse utilizando únicamente el peso corporal.
La disciplina parte de ejercicios conocidos como flexiones, sentadillas y dominadas, pero incorpora un sistema progresivo de entrenamiento destinado a desarrollar fuerza, control y dominio corporal. El desafío de alcanzar movimientos cada vez más complejos fue lo que terminó atrapando a Arnaudo.
“Veía ejercicios que parecían sencillos y cuando intentaba hacerlos eran una locura. Ahí descubrí que había todo un sistema y un método para llegar a determinada figura u objetivo”, explica.
A medida que avanzaba con sus entrenamientos, otras personas comenzaron a preguntarle qué hacía para desarrollar su físico y su fuerza. Esa curiosidad le permitió ver una oportunidad: especializarse en la disciplina y convertirla en una salida laboral.
Para profesionalizarse realizó capacitaciones vinculadas a la actividad y posteriormente un instructorado avalado por la Federación Española de Calistenia, obteniendo una certificación de alcance internacional.
De gimnasio en gimnasio hasta tener su propio espacio
Los primeros pasos como instructor fueron lejos de contar con un espacio propio. Mientras trabajaba en relación de dependencia, comenzó a presentar su proyecto en distintos gimnasios de la ciudad.
Durante aproximadamente un año tuvo que trasladarse entre distintos gimnasios y horarios hasta que logró concentrar a sus alumnos en un mismo lugar.
Posteriormente, por diferentes circunstancias personales, volvió a quedarse sin un espacio físico. Lejos de abandonar el proyecto, trasladó temporalmente las clases a una plaza, aprovechando que la calistenia requiere principalmente del propio cuerpo y determinados elementos para realizar los ejercicios.
Ese período también significó una etapa de crecimiento y visibilidad. De los primeros grupos de alumnos pasó a tener alrededor de 50 personas, luego 30 y finalmente comenzó a buscar un lugar propio.
Con recursos propios fue acondicionando un espacio ubicado en Moreno 123, donde actualmente funciona Fuerza G Calistenia, un gimnasio dedicado exclusivamente a esta disciplina.
Más de 100 alumnos y una propuesta personalizada
Actualmente, Arnaudo cuenta con 105 alumnos, aunque durante algunos períodos llegó a superar las 120 personas.
Su propuesta no se limita a quienes buscan desarrollar fuerza o aprender movimientos específicos. Según explica, cada alumno puede acercarse con objetivos diferentes: mejorar su condición física, utilizar la calistenia como complemento para otro deporte, bajar de peso, mejorar su movilidad o simplemente aprender a controlar su propio cuerpo.
La metodología parte de una base común. Durante los primeros meses, el entrenamiento está especialmente guiado para adquirir movimientos fundamentales como flexiones, dominadas y sentadillas, priorizando la técnica y la correcta ejecución.
A partir de allí, el trabajo se adapta a las metas individuales. Quien quiere alcanzar una determinada figura debe seguir una progresión específica; quien busca mejorar su rendimiento en fútbol o básquet, por ejemplo, puede orientar el entrenamiento hacia las capacidades que necesita desarrollar.
“Lo adapto de acuerdo con la necesidad del alumno o al objetivo que tenga, para que también encuentre una motivación”, señala.
Una disciplina para todas las edades
Uno de los principales mensajes que Arnaudo busca transmitir es que la calistenia no es una actividad reservada para personas jóvenes o atletas.
En sus clases recibe alumnos a partir de los 13 años y actualmente tiene personas de hasta 77 años. Si bien la mayor parte de sus alumnos se encuentra entre los 25 y 45 años, asegura que la metodología permite adaptar los ejercicios a diferentes edades y condiciones físicas.
Antes de comenzar, ofrece una clase de prueba gratuita en la que evalúa el nivel de cada persona, su movilidad, coordinación, fuerza y capacidad de movimiento. Con esa información establece una estructura de entrenamiento acorde a sus posibilidades.
“Que nadie se quede con la idea de que es un deporte que hay que empezar de chico. Hoy la metodología avanzó tanto que se puede adaptar a cualquier condición y a cualquier edad”, sostiene.
Para Joaquín, la historia que comenzó durante la pandemia con unas paralelas, una barra de pared y muchas horas de entrenamiento terminó convirtiéndose en un emprendimiento que hoy reúne a más de un centenar de personas.
Y en una ciudad donde existen gimnasios que incorporan la calistenia entre sus propuestas, busca diferenciarse con una característica particular: Fuerza G está dedicado exclusivamente a esta disciplina, una apuesta que lo lleva a considerarse pionero en la especialización de esta actividad en San Francisco.













